lunes, 1 de enero de 2018

SI TE CREES EN EL INFIERNO ES QUE ESTÁS EN ÉL (2ª PARTE)

Una cita del poeta maldito Arthur Rimbaud encabeza el título de esta segunda parte sobre la experiencia personal en el CEIP Miguel Íscar. Ya puse en antecedentes, con la anterior entrada en "El círculo de los milagros" las medidas de corte pedagógico que se tomarían sobre un centro estigmatizado y marcado por las enormes dificultades que confería. Asumo los riesgos implícitos que conlleva el título de la entrada pues, para nuestra desgracia, algunos pueden auto convencerse pensando que es un centro maldito y que las soluciones pasan por la demolición para una causa que de antemano está perdida. Pido paciencia para aquellos que esperan un final feliz o exitoso, y perseverancia, reflexión y, por qué no decirlo, alguna dosis de compañerismo para aquellos que piensan que centros de este tipo son sencillamente imposibles: son muy difíciles, pero no imposibles.
 
Antes de iniciar el curso con los alumnos decidimos mantener una reunión general con todos los padres y madres. Nos parecía coherente que conocieran al nuevo equipo de profesores y presentar algunas medidas tanto organizativas como de corte pedagógico remarcando la importancia de hacerles partícipes  de un proyecto que se sustenta en tres ejes fundamentales: alumnos, profesores y familias.
La convocatoria fue masiva y acudieron prácticamente todos a la cita con unas percepciones de la reunión muy positivas. Manifestamos nuestros objetivos: confianza, bienestar, aprendizaje activo en un contexto real, educación en valores... y también nos manifestaron sus inquietudes y expectativas con respecto a sus hijos y al centro. Desmitificamos con esto el prejuicio de desatención y despreocupación en la educación de sus vástagos por ser gitanos. La implicación era evidente; solo había que buscar las vías correctas para canalizarlo en acciones de éxito. Esto será muy importante para mis conclusiones finales. Perdón; es absolutamente clave.
 
El Ayuntamiento de Valladolid invierte en el Centro para modificar los servicios, ventanas más adelante, y remodelar  la zona de los despachos. Un cúmulo de
imponderables retrasa la obra, ajenos a no sé quién, aplazando el final de la reforma al mes de octubre. Las dificultades se llaman unas a otras y nunca viene solas. La Dirección Provincial y CFIE de Valladolid también  aportan ordenadores, de segunda mano por petición expresa, y otras medidas que verdaderamente se hacen plausibles. Así pues damos comienzo al curso escolar esperando a los alumnos con ilusión y ganas de "hacer cosas". Ya solo faltaba iniciar el curso  y  desmentir la etiqueta de "Enfants Terribles" para decir al mundo: aquí estoy yo y puedo con todo.
 
Los proyectos o intenciones sobre el papel aguantan todo lo que le eches. Nuestras medidas eran coherentes y consensuadas. Pero la realidad no oculta su cara más cruel. Los  profesores "novatos" vivimos con sorpresa en los inicios  escenarios desconocidos: falta de atención, escaso o nulo autocontrol, una convivencia en el aula marcada por la agresividad entre los propios alumnos y explosiones repentinas de secuestros emocionales a veces incontrolable en situaciones de amenaza o frustración. Fue entonces cuando aparecieron mis persistentes dolores de estómago a las 8 de la mañana saliendo de casa. Fue entonces cuando se me dibujó en el rostro la amargura del fracaso repicando sobre mi cabeza una vida en el infierno. Sin embargo las dos maestras tutoras con experiencia en el centro, una de ellas por desgracia pidió la baja por maternidad a las dos semanas, tenían perfectamente controladas las clases. Su autoridad, que no  autoritarismo, se había labrado con la confianza, la empatía y  la ventaja  de ser maestras conocidas de otros cursos. Entonces si con ellas resultaba... ¿debíamos tirar la toalla? Y fue ahí cuando aprendí que si algo funciona y funciona bien, cópialo, aprende de tu compañero; lo demás será macerarlo con grandes dosis de paciencia, reforzar su autoconcepto en lo positivo,  y mirarle a los ojos para ganar su confianza. Son niños y los niños tienen la espontaneidad de apreciarte y quererte si les escuchas, si les valoras, si les atiendes, si sabes acercarte a sus emociones. Entonces te regalaran lo que nunca habías vivido antes: un abrazo de aprecio que estos niños, los alumnos del CEIP Miguel Íscar te daban a diario, situación que antes no había vivido en ningún otro centro. Entonces y solo entonces merecerán la pena los esfuerzos, los dolores de estómago y porqué no decirlo, lo que algunos creen que es vivir en el infierno. Solo si aprendes eso sobrevivirás en un centro que te dará un aprendizaje y experiencia que te marcará toda la vida. Será entonces cuando digas: ahora sí estoy preparado.
continuará
 

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