jueves, 12 de noviembre de 2015

EL MISTERIOSO CASO DEL BIGOTÓN Y LA TINTA CHINA

Después de haber relatado con notable éxito los hechos acontecidos la noche del 26 de junio de 1910 sin haber escatimado, como prometí,  numerosos datos y sucesos escabrosos (golpes, insultos, sangre y una inoportuna y desgraciada meada al amparo de la muralla civitatense), no puedo por menos seguir relatando para mi querido lector lo que aconteció los días posteriores. Sí he de advertir que si no se lee la trilogía del anarquista furibundo y que, muy amablemente por mi parte,  enlazo para que no pierdas ripio ( primera parte, segunda parte , tercera parte), no te enterarás de nada y dormitarás entre una lectura inconexa y sin ningún sentido. Tú mismo.

Isidoro, José María y Gabriel quedaron como de costumbre  en el parque de la Glorieta antes de ir a la misa matinal del domingo, en la iglesia de San Andrés. Aún guardaban la excitación de la noche anterior y no pegaron ojo dándole vueltas a todo lo que habían vivido. Circunspectos Isidoro y José María apenas se hablaron pues seguían pensando en la ficticia sangre, el siniestro mensaje, y el ridículo mostacho de mentirijillas, todavía en el bolsillo de Isidoro. Gabriel por su parte iba con una sonrisa enorme pues era el día del Señor, y el día del Señor tocaba ver a su amada Clarisa "la larga" o "cuello de jirafa para besar la luna" como a él le gustaba denominarla debido a su enorme estatura. Clarisa siempre iba acompañada de su prima Leonarda  a la iglesia de San Andrés  quien, por su parte, había hecho buenas migas con los tres jóvenes. "La larga" o "cuello de jirafa" en cambio,  los ignoraba absolutamente, especialmente al más pequeñajo, ese del flequillo sobre los ojos  que decía ser poeta pero que a ella  le parecía un enanito entrañable sin desarrollar.

A la salida de la iglesia se encontraron, intencionadamente pero como quien no quiere la cosa, en la puerta.

- Leonarda yo me voy a casa. ¿tú que vas a hacer?- Viendo  que su prima querría conversar con los chicos

Leonarda dudó por un momento la respuesta pues lo que más deseaba del mundo era estar con los tres estudiantes del Colegio San Cayetano de los cuales se había hecho amiga y socia en las investigaciones detectivescas del caso del  asesino renacentista.

- No, yo creo que me voy a quedar a ver qué me cuentan "estos"-. El "estos" lo dijo con cierto desprecio para simular su ansiedad por saber si algún nuevo crimen se había producido.

-Está bien, pero no tardes en venir a casa.
-¿Quieres que te acompañe para que no vayas sola y pueda defenderte del algún desalmado asaltacaminos?- le dijo Gabriel sin pensarlo dos veces cómo era su costumbre.

La incertidumbre de saber cómo sería la demoledora respuesta y posterior aniquilamiento y humillación del poeta que la miraba con ojos brillantes, les mantuvo a todos en vilo, excepto a Gabriel que seguía con cara de tonto sin imaginar el vendaval que le podría venir encima. Un breve silencio de fuego se hizo en ese momento pareciendo una eternidad

- No, gracias

Todos resoplaron aliviados por no ver un escarnio público que hundiera la sensibilidad de Gabriel. Bueno , todos menos Gabriel, que aún mantenía dibujada en la cara una sonrisa bobalicona

Después de ese desencuentro que no pasó a mayores, José María e Isidoro le contaron a Leonarda todo lo que aconteció la noche anterior: el discurso del anarquista, los guantazos de Antonio Galán, el hombre muerto frente a la casa del Ceño, el bigote postizo, la sangre....

-Un momento. ¿queréis decirme que el bigote es postizo?
- Aquí lo tienes. Yo mismo me lo guardé en el bolsillo- le interrumpió Isidoro.
-¡Diablos, que mal huele esto! ¿Pero dónde lo habéis tenido?... huele como a ...

Antes que Leonarda dijera nada más, José María la interrumpió de sopetón con nuevos datos pues era lista como un águila y  podría descubrir  sin mucho esfuerzo que el bigote hubiera sufrido algún accidente de corte fétido y repugnante.

-Tenemos la sospecha que la sangre también es falsa, Leonarda- a José María le temblaba la boca cada vez que pronunciaba su nombre.
-Vayamos al lugar del crimen.  Es posible que aún queden restos.

Ya en la escena Leonarda no tardó ni dos segundos en dar su veredicto sobre el misterioso fluido rojo dejando a todos estupefactos:

-Es tinta china.
-Sangre ya sabia yo que no era- apostilló Isidoro para no quedar demasiado en ridículo- pues en las muchísimas  matanzas de marranos que he hecho suelo encargarme de remover la sangre en el barreño para las morcillas...

Antes que siguiera Isidoro narrando sus aventuras de matarife en las fincas de Retortillo, Leonarda les convocó a los tres a primera hora de mañana del día siguiente para visitar la tienda de regalos y disfraces de Carnaval  Justino, y la librería  Adolfo Cuadrado. 

-Debemos saber quién ha comprado un bigote postizo y tinta china de color rojo estos últimos días. Si hubiera coincidencia, señores,- tomó aire y engoló un poco la voz para dar grandiosidad a la frase lapidaria- habremos descubierto al asesino renacentista.  Y ahora he de marcharme que ya sabéis que no está bien visto que una chica esté acompañada de tres mozos. Mañana nos vemos.

-Hasta mañana Leonor. A José María, además de volver a temblarle la boca por pronunciar su nombre, emitió, para su vergüenza, un gallo diatónico nada melodioso. Afortunadamente para él sus dos amigos no notaron nada. Leonarda sin embargo, al darse la vuelta, cerró los ojos con emoción y con la  sonrisa  de una enamorada.

Mientras tanto el asesino renacentista preparaba minuciosamente un nuevo golpe mortal; esta vez con una repercusión de dimensiones planetarias. ¿Por qué no el día que inauguren las Escuelas Graduadas del Arrabal de San Francisco? ¿Porqué no el mismo día  que se conmemoren los actos del centenario de la defensa mirobrigense sobre las tropas francesas? Lugar, víctima y fecha ya estaban seleccionados para satisfacción del homicida. Antonio Galán, ese engreído Concejal de Seguridad Ciudadana sufrirá un nuevo revés haciéndose notoria su incompetencia  para desempeñar un cargo público viéndose coartadas las aspiraciones de ser el próximo Alcalde  . Jugada perfecta. Por los tres estudiantes y la joven pizpireta lista como un águila no hay que preocuparse, aunque puedan acercarse mucho y estar frente a sus narices, jamás le descubrirán. Solo hay que agudizar las precauciones y no dejar un hilo suelto.

PRÓXIMO LIBRO
EL ASESINO RENACENTISTA DE LAS CUATRO CALLES


sábado, 7 de noviembre de 2015

EL ANARQUISTA FURIBUNDO 3 Y ÚLTIMA PARTE

Los hechos de la aciaga noche del 26 de junio y madrugada  del 27 estaban sucediendo con una celeridad y carga emotiva difícil de asimilar en una villa, la mirobrigense, poco acostumbrada a revueltas sociales con discursos anarquistas de por medio y a asesinatos selectivos y cruelmente  sanguinolentos. Tanto el Sr Atienza, el famoso anarquista que tuvo que hacer noche bajo el puente romano para evitar ser apaleado por la masa, como el asesino renacentista, descansaban sofocados al amparo de una cúpula  moteada de  estrellas con sensaciones diferentes; uno muerto de miedo y rabia, y el otro, con la sonrisa de ver cómo sus planes homicidas previamente planificados se iban fraguando inexorablemente.


Anacleto Pastor, el enterrador municipal, apenas tardó unos instantes en personarse en las Cuatro Calles con el carromato fúnebre tirado por una mula  y recoger así al exánime  bigotudo. Antonio Galán y los tres guardas municipales le dirigieron la maniobra  pues imaginaban que, como de costumbre, estaría totalmente beodo y no acertaría a cargar con el muerto a la primera.



-¡Vamos, rápido Anacleto, llévate al despojo de aquí que me estoy poniendo enfermo!- le increpó el Concejal mostrando su fama de autoritario. Manolo el guardia, por su parte, seguía apuntando, en la misma libreta que horas antes había señalado insurrectos anarquistas, pruebas  y pistas del suceso: hora posible del homicidio, sangre en el suelo, tiro en la sien y otra serie de obviedades para cabreo de Antonio:


-¡Manolo, deja de escribir chorradas en esa libreta de mierda y ayuda al borracho este!


Manolo y Anacleto miraron con sumisión al señor Concejal pero heridos por su comentario gratuito y despectivo. Puede que Manolo escribiera "chorradas" pero no dejaban de ser pruebas concluyentes, y puede que Anacleto estuviera totalmente borracho como acostumbraba, pero esa noche esta sorprendentemente sereno. 


Cargó el enterrador con el fiambre como quien carga con una ternera abierta en canal y lo acomodó en el carro con sumo cuidado y mimo.


- ¡Vamos Anacleto , por favor, que es un muerto y lo estás tratando como a una bailarina!- le recriminó nuevamente el Concejal de Seguridad Ciudadana.



Casa del Ceño. Lugar de los hechos.
Despejada la calle, el enterrador tomó  dirección a la Puerta del Sol para dirigirse al cementerio municipal. Por su parte, Antonio Galán y los tres guardias,   tomaron rumbo al Ayuntamiento para recabar información y abrir las pertinentes diligencias, no sin antes pasar por la redacciones de los diarios locales Avante y La Ibera y advertir a los redactores que de lo acontecido frente a la Casa del Ceño ni una letra impresa so riesgo  que se les aumentara el impuesto municipal desproporcionadamente. La advertencia surtió efecto; ni una sola letra impresa del crimen.


Los tres estudiantes aún seguían  escondidos en el portal de la Calle Sepulcro presenciando toda la escena. Cuando vieron que la calle estaba totalmente despejada fueron a husmear el atroz escenario. Isidoro advirtió un objeto negro y peludo frente a la puerta de la casa de los Miranda Ocampo y fue a examinarlo.



-¿Es una rata de cloaca esa cosa?- le preguntó Gabriel

- No-, le contestó Isidoro mientras lo cogía con las manos-es el bigote del muerto.


José María expuso que la posible la trayectoria del tiro en oblicuo le hubiera arrancado el bigote de cuajo. Rápidamente fue rebatida por Isidoro que no observó restos de epidermis en el mostacho.



-Entonces...¿es un bigote postizo?- puntualizó Gabriel mientras se lo quitaba de las manos a Isidoro para ponérselo bajo su naríz.

-¿A que ahora sí que parezco un anarquisista de verdad?-Les dijo Gabriel a sus amigos con el bigote tapándole prácticamente la boca.


Otro detalle que observó Isidoro fue el reguero de sangre. Para cerciorarse de su sospecha se arrodilló sobre el rojizo charco y acercó la nariz como un sabueso.


- Esta sangre no es de verdad. Aún es demasiado líquida. Ya se tendría que haber coagulado y además... no huele a sangre. Todo esto es muy extraño, ¿no creéis?

Los tres amigos tomaron la Calle Muralla dejando la escena del crimen atrás pues allí ya no había nada que rascar.


-¡Un momento! ¿recordáis lo que nuestro profesor Celorico nos dijo sobre la inscripción que hay bajo el alfiz de la puerta de entrada? "Mortali in vita requies mors, tu sola laborum"- Inquirió José María haciendo gala de su portentosa memoria.

- "Oh muerte, tu sola eres el descanso de los trabajos de esta vida mortal" tradujo Isidoro al instante.


Y mientras los dos amigos hacían cábalas intentando interpretar el siniestro mensaje y la relación que tenía con el asesinato, a Gabriel le entraron unas ganas espantosas de orinar en la inspiradora muralla que parecía estar construida para su micción y no para heroicas defensas del pasado. No conforme con echar una meada al uso quiso escribir sobre la muralla "Viva el anarquisismo". La "v" le quedó perfecta pero la i del viva entrañaba una maestría fuera de lo común pues debía hacer un taponamiento del conducto para que el chorrete fuera preciso con el punto. Con tanta filigrana el bigote del muerto que aún tenía puesto terminó por despegarse del todo y cayó al suelo. Este inesperado inconveniente le hizo perder la concentración y con falta de coordinación óculo manual apunto directamente al lugar donde había caído el mostacho postizo para embadurnarlo con el último ímpetu de su orín.



- Gabriel, acabas de echar a perder la única prueba concluyente que teníamos- le dijo José María

- De eso nada.- Y sin ningún miramiento Isidoro lo recogió  aún pingando y lo metió en el bolsillo de su pantalón.


El inteligente asesino renacentista había seleccionado meticulosamente la casa nobiliaria dejando una clara pista con la interpretación del deteriorado mensaje que reposa aún hoy en el entablamento de la casa de los Miranda Ocampo; una broma pesada de ser interpretada por el anarquista Sr Atienza si su lucha obrera y campesina se viera reducida a "oh muerte tu sola eres el descanso de los trabajos de esta vida mortal"



El Sr Atienza tomó de madrugada el largo camino que le llevaría a pie hasta Salamanca acompañado de los cinco estudiantes universitarios y pensándose seriamente dejar la lucha para volver a su Málaga natal. Quién sabe si para trabajar de panadero; lo único que verdaderamente sabía hacer. Echó  la vista atrás y miró desolado  Ciudad Rodrigo pensando: "efectivamente era un pueblo de mierda y jamás se producirá la revolución obrera y campesina en un sitio como ese"



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EL ASESINO RENACENTISTA DE LAS CUATRO CALLES




domingo, 1 de noviembre de 2015

EL ANARQUISTA FURIBUNDO 2 PARTE

El discurso del Sr Atienza, como ya reflejamos en la primera parte, comenzó tibio, dubitativo y nervioso ante la expectación de sus correligionarios. No así ante sus refractores deseosos de encontrar una chispa incendiaria para liarse a guantazos con los palmeros del anarquista. Con tono agresivo el Sr Atienza viró hacia  temas espinosos tildando al clero de retrogrado,y moralino. Más agresivo estuvo aún cuando sostuvo con vehemencia  la carencia  de callos en las manos de los sacerdotes que regala  el duro  trabajo del campo  por unas manos delicadas y femeninas que repartían  hostias entre el rebaño.  "¡cuando nuestras asambleas campesinas y obreras lleguen al poder, la desamortización de Mendizábal será un piscolabis en comparación con lo que les vendrá encima, camaradas!"

Una amplia sección de asistentes abucheó enfervorecida al Sr Atienza produciéndose los primeros altercados. Comenzaron los conatos de agresiones selectivas hacia los que no habían abucheado o habían aplaudido tímidamente la arenga anticlerical. El ambiente se estaba enrareciendo de manera acelerada y con un inoportuno cierre de discurso  hasta el borde de la locura cegata, remató catalogando a la monarquía de mongólicos, hemofílicos y puteros. Se produjo entonces una revuelta sin parangón: golpes, insultos, conato de agresión por cuatro mozos de Sancti Spiritus que intentaron subir a la tribuna para dar su merecido al insurrecto malagueño  y, entre toda la algarabía, un pequeño incendio en el palco superior.

El Sr Atienza escapó escoltado por los universitarios saliendo por la puerta trasera del teatro que, con mucha prevención y sagacidad, habían forzado los estudiantes durante el discurso

- ¡¡¡¡Sabotaje, sabotaje!!!! - gritaba el Sr Atienza fuera de sí. 

Huyeron fuera de murallas hasta cobijarse esa misma noche bajo el puente romano que separaba la ciudad del miserable barrio de El Puente, todavía medio en ruinas a causa de la inundación del 22 de diciembre del año anterior

Los policías municipales y  especialmente el Concejal Antonio Galán, se emplearon a fondo dando cachiporrazos y bofetones a los que previamente había anotado en la lista  Manolo el Guardia. Este, por su parte,  seguía escribiendo en la libreta no se sabía muy bien el qué, pero sin muchas intenciones de desenvainar  la porra, La única salida habilitada del Teatro se había convertido en una ratonera para los que aquella noche del 26 de junio acudieron al "meeting" sin otra intención que escuchar al afamado revolucionario y que eran, para su propia desgracia, sospechosos de ser señalados como acólitos de  ideales anarquistas. También se emplearon a fondo los cuatro mozos de Sancti Spíritus que no tenían muy claro porque repartían puñetazos a diestra y siniestra pero que debían cumplir la misión que el concejal les había encomendado días antes  a cambio  de ocho cuartales de pan hechos con harina fina y dos botellas de vino tinto peleón. También participaron activamente en la represalia otros asistentes de corte conservador sin más intención que boicotear el acto violentamente. Objetivo cumplido.

Entre todo ese follón de golpes e insultos Gabriel, promovido por la emoción de la revuelta gritó en la antesala del Teatro 

- ¡Viva el anarquisismo! - movimento engendrado por él unos instantes antes de entrar al Teatro Nuevo

Esa temeridad de poner las cosas peor de lo que estaban, habitual en Gabriel, llamó la atención de Antonio Galán que viendo que el vítore provenía de uno de los tres "imbéciles" del Colegio de San Cayetano armó el brazo como quien disputa un punto decisivo de pelota  centrando su objetivo en el que más abultaba de los estudiantes: Isidoro.   Cuando el sopapo parecía inevitable un grito  dominó la escena deteniendo la pelea "ipso facto", para suerte de Isidoro que quedó incólume de una marca en el moflete

-¡Hay un muerto en las Cuatro Calles! ¡Han asesinado a un hombre!. 

Buena parte de los asistentes, agredidos y agresores, siguieron a los tres guardias y a Antonio que corrieron hace el punto del suceso, el cruce entre las Cuatro Calles y la Calle Sepulcro, frente al palacio de los Miranda Ocampo, o como era conocida por todos: la Casa del Ceño.

El cuerpo de un hombre desconocido  yacía tendido  en el suelo con la sien agujereada a causa de la deflagración. Un reguero de sangre  firmaba de rojo la horrenda escena frente a la apuntalada puerta de entrada de la casa nobiliaria . El hombre anónimo, vestía elegantemente un traje de paño fino veraniego. Sobre su cabeza aún permanecía inalterable un sombrero de bombín enroscado concienzudamente que, pese al disparo, aun permanecía sujeto al troncho  como si de una sola pieza se tratara. Pero sin duda, lo que más llamó la atención de su aspecto, fue el poblado mostacho que gastaba el finido con la puntas afiladas y enroscadas cual cornamenta de búfalo.

- ¡Maldito asesino!- gritó Antonio Galán frente al cadáver-. ¡Juro que daré contigo, aunque sea lo último que haga!

Después del grito juramentado, un silencio atroz y mortal inundó la escena de estremecimiento entre los curiosos pues Antonio, fuera de sus cabales, causaba pavor, No hizo falta decir nada más para entender que viandantes y fisgones sobraban en la calle.
Calle Sepukcro

Isidoro, Gabriel y José María hicieron el amago de marcharse tomando la calle Sepulcro hacia arriba. Sin ser vistos por nadie, se escondieron en un portal que aún les diera la visión del suceso.¿Cómo se iban a perder un nuevo homicidio del asesino renacentista sin recabar alguna pista del suceso?

Lo mismo pensó "El López", editor, columnista y director de la gaceta quincenal "Columnata Farinata" que también se escondió en un portal frente a los estudiantes para recopilar la carnaza necesaria en su próxima e impactante publicación. Los tres estudiantes se quedaron paralizados y muertos de miedo al ver cómo se guarecía  frente a ellos este extraño y siniestro personaje de poblada barba ataviado siempre  con un gorro que cubría parte de sus oscuras gafas. Un cruce de miradas fue suficiente para entender que allí sobraba alguien. El López salió corriendo como alma que lleva el diablo hacia la muralla y perderse entre los glacis.

Y no lejos de allí, difuminado entre las piedras de Ciudad Rodrigo, agazapado hasta asestar su próximo golpe mortal, el asesino renacentista escuchaba para su satisfacción los juramentos del Concejal.

(Continuará)


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