viernes, 5 de octubre de 2012

EL LARGO CAMINO DEL EXCLUÍDO

Ya ha comenzado el curso; es palpable. Coches en triple fila a las puertas del colegio. Trolleys haciendo ese espantoso soniquete en los suelos rugosos de las aceras o niños cargados con mochilas a sus espaldas portando conocimiento en forma de libro, o cuadernos de ejercicios: muchos cuadernos de ejercicios. Lo que ellos no saben, los alumnos, es que sus profesores han estado devanándose los sesos  a comienzos de septiembre con un horario justo y ecuánime a las exigencias que marca la coyuntura y vertiendo esfuerzos entorno a dos ejes: el coche compartido con el grupeto para irse a casa y los apoyos o refuerzos que van a dar en el aula para aquellos alumnos que no siguen el ritmo "normal" de la clase.
Con lo primero no voy a meterme: a ver quién tira la primera piedra si alguien no ha hecho lo habido y por haber para buscar coincidencias y ahorrarse un dinero con los desplazamientos. Circunstancia curiosa, por cierto, la que se da  en estos claustromóviles que  incitan por si solos a poner a escurrir al equipo directivo por sus pésimas decisiones, al inspector por ser un exigente con los papeles (en ocasiones no exentos de razón) o a aquel compañero que es un insolidario, o un protagonista por tener un blog de aula (#paraqueunblogdeaula) o crear una escuela de padres.
Yo quiero referirme a los refuerzos. Los "dichosos" refuerzos. El principio de escuela inclusiva nos marca las pautas para no atomizar las clases en función de las dificultades serias o no que tengan los alumnos con respecto al aprendizaje. Pretende adaptar las capacidades y habilidades de cada individuo respetando su ritmo  e integrando a alumnos con dificultades de aprendizaje o con discapacidades a lo cual se hace necesaria la coordinación, el apoyo al aula, al tutor...
Sin embargo la realidad es otra. Estos apoyos, en la mayoría de los casos, se hacen de dos formas: clásica o guay. 
El modo clásico es sencillo. A tal profesor le sobran unas horillas y para que no esté aburrido se le manda reforzar a tal alumno de tal clase. Evidentemente hay una justificación para ello. El tutor aduce sus posibles razones: un retraso en las tablas de multiplicar, o que lee mal, o que no entiende nada, o que es lento, o que no me deja dar clase o que no ha comprendido el ciclo del agua. Ante ese panorama es mejor que lo lleves al cuarto inhóspito de los "retrasados" para explicárselo en un bis a bis o le sacudas un montón de fichas  que has fotocopiado previamente. Y si en vez de un alumno son varios hacemos clase o cursos "para-lelos"
El modo guay, este me encanta por el grado de estupidez al que somos capaces de llegar, se ha dejado influir por corrientes pedagógicas innovadoras y ultravanguardistas. Como somos muy modernos y algo hemos escuchado se hace el refuerzo dentro del aula. Es decir, mientras el profesor tutor explica de forma magistral a la multitud, el de refuerzo se pone como un pasmarote detrás del "retrasado" con el aliento cerca de su nuca e indicándole los errores que está cometiendo en las restas con llevadas. Igual que una baliza en el mar; indicando a ojos vista dónde se encuentra el discrepante
La estadística de resultados de mejora supongo que será demoledora. Estos refuerzos han sido exitosos en un 0% de los alumnos a lo largo de los cursos. Estos refuerzos han acrecentado las diferencias con el resto de la clase en un 100%. Digo  supongo porque año tras año son los mismos alumnos a los que hay que reforzar, por tanto el resultado parece obvio. No hay que ser estadista. Me gustaría que alguien me lo corroborara y me sacara del error pues igual hay alguna fórmula o variable que se me escapa.
Sigo creyendo que la clave está en la forma de dar clase. Si se fomentaran los proyectos colaborativos y cooperativos, que los alumnos descubran el placer por aprender superando sus propios retos, fomentando el aprendizaje lúdico, adaptándose a las exigencias reales, a las competencias básicas, al currículo integrado y adaptándose a la diversidad pero sin exclusiones, quizás los refuerzos dentro del aula adquieran algún sentido. Sería la  mejor manera de coordinar a varios docentes: diseñando proyectos conjuntos. Y sobre todo dando vidilla al docente reforzador; que se relaje, que disfrute, que se vaya a echar un pitillo ( ah que ya no se puede) o que en algunos momentos pueda preparar sus clases, material, recursos...
Sí, lo sé. Sé lo que estáis pensando; soy un soñador, un teórico, no tengo ni idea de cómo está la escuela hoy, de cómo son los alumnos, los padres... y bla bla bla. Pero tengo un deseo: que sea borrada esa senda de exclusión que va del pupitre hasta la puerta de clase delimitando el umbral del saber y que nunca más salga un alumno de clase para ser reforzado de esta forma; pasando la vergüenza de recorrer el largo camino del excluído. Si así lo seguimos haciendo,  he aquí el perfil del próximo fracaso escolar y abandono prematuro. Los niños son niños pero... tienen su corazoncito. A mí no me gustaría que me echaran del sistema  por no saber programar en html 5. ¿A vosotros?
Prometo que esta es mi última entrada crítica (me lo ha recomendado alguien). Las demás serán de Paz y Amor en los mundos de Yupi, como si no pasara nada.

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